A lifetime drunk |
Solitude, Literature, Blue Dodos, Booze |
Tomas la dona con su mano izquierda, el café también está de ese lado. Es posible que seas zurdo. Oh, al parecer es té. Ríes y marraneas dona. No hay nada en este mundo que se compare a esta visión. Me ves. Me ignoras, no sin antes sostenerme la mirada unos segundos. Estamos hechos el uno para el otro. ¿Qué no te das cuenta? Aunque bien pudiste haberte sonado la nariz en otro lado y no con la servilleta que previamente habías usado para limpiarte las manos. No importa. Porque en este undo sólo existe tu té y tu computadora. Todo lo demás es relativo. Podemos ser o no ser. Existir o ser solamente vapor de la nebula de tu mente. Y aquí estoy yo. Rodeada de humo del cigarro matutino. Esperando alcanzarte. Absorto, no te das cuenta de mis intenciones. Cree, son las peores. Una media sonrisa, tal vez de preocupación o de nostalgia. ¿Cómo saberlo? No me puedo acercar a ti. Hay un océano entre los dos. Un océano de prejuicios, paradigmas, soledad. Estornudas, buscas un pañuelo, has derramado una lágrima. Nunca fue y nunca será. Sólo permanece la ilusión. Ese sueño que permea cada vez que mis ojos cafés se cruzan con tus perfectos ojos azules. Cada vez que compartimos un café a la distancia, pensando que son tus labios y tu lengua los que entran en contacto con los míos con cada sorbo. Pensando en todo lo que no es y no será. Pensando en lo que quizá es y lo que será. Aunque al final no es nada. Nada, ni una nimia semilla infértil de algo. Un último puchero, una última mirada. Nada, no somos nada. Y esa misma nada es la que entra en mis pulmones en forma de humo verde, destruyendo poco a poco lo que soy. Convirtiéndome en parte de esa nebulosa de tu imaginación, de tus más recónditos pensamientos, de tus más oscuros sueños